
Quizás esta sea la premisa sobre la cual la población venezolana, y en particular l@s profesionales de la psicología, psiquiatría y profesiones afines, parten para hacerse la vista gorda ante el sufrimiento que viven las personas LGBT, es posible que el desprecio sea lo que mantiene tal actitud de indiferencia.
No hay duda de que much@s heterosexuales se comportan de modo cruel ante quien es diferente, quien le angustia por no estar en una categoría definida o deseable culturalmente.
Mi primer recuerdo como profesional en relación a este tema fue cuando estudiaba psicología clínica, mis profesor@s justificaban la eliminación de la homosexualidad como una desviación sexual provocada por un trastorno sociopático de la personalidad del DSM III (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), afirmaban sin tapujos que se debía a que l@s homosexuales tenían mucho poder dentro de la Asociación Americana de Psicología. Más tarde comprendí que más claro no lo podían decir, consideran que la homosexualidad es un trastorno mental, pero que quedaba eliminado por asuntos políticos, nos estaban administrando una buena dosis de homofobia.
Mientras, más allá de las fronteras de nuestro altamente prejuicioso país se crea la categoría “Trastorno de la Orientación Sexual”, en la que se incluye a los sujetos con intereses sexuales dirigidos sobre todo hacia personas de su mismo sexo y que sufren inquietud por su orientación sexual, es decir, se encuentran en un conflicto con esta orientación y desean cambiarla. Aquí, aparece el famoso mecanismo de defensa denominado omnipotencia, personas homosexuales y no homosexuales creen que podemos cambiar de orientación sexual como cambiar de camisa, cuando el criterio de realidad nos habla de una condición de vida.
Afortunadamente la APA ha manifestado que la orientación sexual de las personas no es un problema, excepto cuando la misma le causa a la persona dificultades emocionales y mentales como consecuencia de la presión social. Ya se reconoce que la discriminación y presión social pueden llevar a una persona homosexual a una problemática psicológica. Pero somos nosotros mismos en nuestras sociedades quienes creamos las condiciones de discriminación, exclusión y generamos la presión social, nosotr@s l@s profesionales de la salud mental creamos el problema, lo vemos donde no existe, porque en el fondo es nuestro.
Mas adelante, ejerciendo la docencia me encuentro que mis alumn@s manifiestan comportamientos homofóbicos cuando les preparaba para dar una serie de talleres de sexualidad a adolescentes porque su profesora de psicología clínica afirmó en clase textualmente que la homosexualidad es una enfermedad.
Ese fue uno de los momentos en que me dije a mi misma como profesional que es muy importante el estudio de la psique humana sin prejuicios heredados de historias personales o culturales. Es evidente la indiferencia en profesionales que con un positivismo agigantado por sus creencias, dejan de lado la neutralidad y en que aquellos que se ufanan de humanistas dejan de lado la sensibilidad, la empatía y consideración hacia la vivencia de las personas homosexuales, quienes padecen los embates del conservadurismo y los complejos de superioridad de profesionales heterosexistas.
2. ¿Cómo surge el sufrimiento para salir del closet?
La revelación es “the process of becoming aware of assimilating one’s homosexuality” (el proceso de concientizar y asimilar su homosexualidad).
Las personas internalizamos las creencias acerca de la homosexualidad y podría sentirse como “extraño” descubrir que no cumplimos con nuestras expectativas de ser heterosexuales o las de nuestros amig@s y familiares.
L@s latinoamerican@s y en particular l@s venezolan@s solemos actuar de modo alocéntrico. Eso significa que hacemos énfasis en el grupo en vez del individuo, evitando la confrontación y prefiriendo las relaciones de respeto, nos importa mucho la aceptación de nuestr@ familiares y amig@s. Luchamos por la conformidad cuando interactuamos con los otros, haciendo un esfuerzo para parecer simpáticos, exhibiendo buena voluntad para estar de acuerdo con la opinión de otra persona, lo que hace mucho más difícil enfrentarse al reto de expresar una orientación sexual distinta a la predominante.
Muchos hombres homosexuales sienten que su familia intenta silenciar la cuestión de la homosexualidad. Cada esfuerzo para conversar acerca del tema es recibido con silencio, incredulidad y hostilidad.
Así, el respeto hacia la familia y la necesidad de evitar confrontaciones con ella puede impedir que l@s LGBT venezolan@s conversen de manera honesta con la familia acerca de su orientación o su identidad sexual. El obstáculo contribuye al aislamiento que much@s LGBT pueden experimentar en su vida, ocultan su condición para no ser agredid@s. Es decir, no terminan de salir del closet para evitar el sufrimiento.
En efecto, las familias latinoamericanas, sobre todo las más tradicionales, desprecian a la homosexualidad e idealizan a la heterosexualidad y a todo lo relacionado con ella, les parece ideal la maternidad/paternidad, la pareja heterosexual (tan cargada de machismo), etc.
3. Más allá de la familia, ¿Cuál es la actitud de l@s venezolan@s hacia las personas LGBT?
Encontramos en la cultura venezolana, que se espera que el hombre sea el proveedor, el responsable, el que tiene el control. De allí, que la homosexualidad masculina y la transexualidad sean consideradas la antítesis del comportamiento masculino.
Los comportamientos afeminados y caracterizados como no masculinos son sancionados por la sociedad y afectan de manera severa la percepción de sí mismo de hombres homosexuales. Del mismo modo, las mujeres que desarrollan comportamientos poco ajustados a las expectativas de género son criticas, sancionadas, excluidas.
La prensa popular caracteriza a menudo los hombres homosexuales como degenerados, inmorales, afeminados y un peligro a la construcción moral de la sociedad.
La cultura venezolana ha creado un ambiente de intolerancia, miedo y vergüenza para las personas LGBT.
Las expectativas rígidas tanto de la familia como de la sociedad acerca del significado de lo masculino y femenino contribuyen a la marginalización de muchos homosexuales y transgénero, especialmente los que exhiben comportamientos afeminados.
En Venezuela, el hombre homosexual es percibido como un traidor de su cultura, no es el macho vernáculo esperado, y es percibido como traidor de la religión porque sus actos sexuales no concuerdan con dogmas obsoletos y no contribuyen a la reproducción.
4. El papel de los psicolog@s en la salud de sus clientes LGBT
La sexualidad y su ejercicio libre y placentero forman parte del estado de bienestar físico, psicológico y social que define la salud. Si hay represión o castigo en relación a ella existe sufrimiento.
Es necesario ayudar a aquell@s que manifiestan dudas respecto su proceso de orientación sexual o su identidad, a quienes se sienten inclinad@s por personas de su propio sexo, pues en algunos casos esta situación puede representar un período de lucha y sufrimiento hasta conseguir la aceptación de la orientación definitiva.
Aclarando que, indudablemente este período de lucha se da porque la misma sociedad idealiza la condición heterosexual, denigrando y descalificando a la homosexual y bisexual, y aún más a las personas transgénero.
Lo importante es poder ejercer la sexualidad sin temores, vergüenza, culpas, en otras palabras, sin factores psicológicos y sociales que interfieran con las relaciones sexuales.
Nuestro trabajo es ayudar a que ese sufrimiento legítimo favorezca el crecimiento personal, y no se convierta en diversas formas de padecimiento crónico. Que del sufrimiento surja la energía para enfrentarse al reto de ser diferente en una sociedad excluyente y discriminadora. Que surjan las energías para unirse a las asociaciones y colectivos que se organizan para luchar por sus derechos fundamentales.
El desarrollo de la preferencia sexual de un individuo a contracorriente de las circunstancias familiares y sociales que le rodean afecta su desarrollo en las áreas de la identidad, reproducción, vínculo y erotismo. De allí, que es aconsejable proporcionar procesos de psicoterapia que le permita desarrollar sus capacidades humanas y su preferencia sexual con menos culpas y cargas afectivas.
Esto sólo es posible si trabajamos nuestros prejuicios, nuestra historia personal, antes de endosar desprecio y culpa a quienes solo se atreven a aceptarse como diferentes a lo esperado.
* Alicia Nuñez, psicóloga clínica.
Lectura Recomendada: el cap. 6 de Mujeres que Corren con Lobos, de Clarissa Pinkola Estes.
Quizás esta sea la premisa sobre la cual la población venezolana, y en particular l@s profesionales de la psicología, psiquiatría y profesiones afines, parten para hacerse la vista gorda ante el sufrimiento que viven las personas LGBT, es posible que el desprecio sea lo que mantiene tal actitud de indiferencia.
No hay duda de que much@s heterosexuales se comportan de modo cruel ante quien es diferente, quien le angustia por no estar en una categoría definida o deseable culturalmente
Mi primer recuerdo como profesional en relación a este tema fue cuando estudiaba psicología clínica, mis profesor@s justificaban la eliminación de la homosexualidad como una desviación sexual provocada por un trastorno sociopático de la personalidad del DSM III (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), afirmaban sin tapujos que se debía a que l@s homosexuales tenían mucho poder dentro de la Asociación Americana de Psicología. Más tarde comprendí que más claro no lo podían decir, consideran que la homosexualidad es un trastorno mental, pero que quedaba eliminado por asuntos políticos, nos estaban administrando una buena dosis de homofobia.
Mientras, más allá de las fronteras de nuestro altamente prejuicioso país se crea
la categoría “Trastorno de la Orientación Sexual”, en la que se incluye a los sujetos con intereses sexuales dirigidos sobre todo hacia personas de su mismo sexo y que sufren inquietud por su orientación sexual, es decir, se encuentran en un conflicto con esta orientación y desean cambiarla. Aquí, aparece el famoso mecanismo de defensa denominado omnipotencia, personas homosexuales y no homosexuales creen que podemos cambiar de orientación sexual como cambiar de camisa, cuando el criterio de realidad nos habla de una condición de vida.
Afortunadamente la APA ha manifestado que la orientación sexual de las personas no es un problema, excepto cuando la misma le causa a la persona dificultades emocionales y mentales como consecuencia de la presión social. Ya se reconoce que la discriminación y presión social pueden llevar a una persona homosexual a una problemática psicológica. Pero somos nosotros mismos en nuestras sociedades quienes creamos las condiciones de discriminación, exclusión y generamos la presión social, nosotr@s l@s profesionales de la salud mental creamos el problema, lo vemos donde no existe, porque en el fondo es nuestro.
Mas adelante, ejerciendo la docencia me encuentro que mis alumn@s manifiestan comportamientos homofóbicos cuando les preparaba para dar una serie de talleres de sexualidad a adolescentes porque su profesora de psicología clínica afirmó en clase textualmente que la homosexualidad es una enfermedad.
Ese fue uno de los momentos en que me dije a mi misma como profesional que es muy importante el estudio de la psique humana sin prejuicios heredados de historias personales o culturales. Es evidente la indiferencia en profesionales que con un positivismo agigantado por sus creencias, dejan de lado la neutralidad y en que aquellos que se ufanan de humanistas dejan de lado la sensibilidad, la empatía y consideración hacia la vivencia de las personas homosexuales, quienes padecen los embates del conservadurismo y los complejos de superioridad de profesionales heterosexistas.
2. ¿Cómo surge el sufrimiento para salir del closet?
La revelación es “the process of becoming aware of assimilating one’s homosexuality” (el proceso de concientizar y asimilar su homosexualidad)
Las personas internalizamos las creencias acerca de la homosexualidad y podría sentirse como “extraño” descubrir que no cumplimos con nuestras expectativas de ser heterosexuales o las de nuestros amig@s y familiares.
L@s latinoamerican@s y en particular l@s venezolan@s solemos actuar de modo alocéntrico. Eso significa que hacemos énfasis en el grupo en vez del individuo, evitando la confrontación y prefiriendo las relaciones de respeto, nos importa mucho la aceptación de nuestr@ familiares y amig@s. Luchamos por la conformidad cuando interactuamos con los otros, haciendo un esfuerzo para parecer simpáticos, exhibiendo buena voluntad para estar de acuerdo con la opinión de otra persona, lo que hace mucho más difícil enfrentarse al reto de expresar una orientación sexual distinta a la predominante.
Muchos hombres homosexuales sienten que su familia intenta silenciar la cuestión de la homosexualidad. Cada esfuerzo para conversar acerca del tema es recibido con silencio, incredulidad y hostilidad.
Así, el respeto hacia la familia y la necesidad de evitar confrontaciones con ella puede impedir que l@s LGBT venezolan@s conversen de manera honesta con la familia acerca de su orientación o su identidad sexual. El obstáculo contribuye al aislamiento que much@s LGBT pueden experimentar en su vida, ocultan su condición para no ser agredid@s. Es decir, no terminan de salir del closet para evitar el sufrimiento.
En efecto, las familias latinoamericanas, sobre todo las más tradicionales, desprecian a la homosexualidad e idealizan a la heterosexualidad y a todo lo relacionado con ella, les parece ideal la maternidad/paternidad, la pareja heterosexual (tan cargada de machismo), etc.
3. Más allá de la familia, ¿Cuál es la actitud de l@s venezolan@s hacia las personas LGBT?
Encontramos en la cultura venezolana, que se espera que el hombre sea el proveedor, el responsable, el que tiene el control. De allí, que la homosexualidad masculina y la transexualidad sean consideradas la antítesis del comportamiento masculino.
Los comportamientos afeminados y caracterizados como no masculinos son sancionados por la sociedad y afectan de manera severa la percepción de sí mismo de hombres homosexuales. Del mismo modo, las mujeres que desarrollan comportamientos poco ajustados a las expectativas de género son criticas, sancionadas, excluidas.
La prensa popular caracteriza a menudo los hombres homosexuales como degenerados, inmorales, afeminados y un peligro a la construcción moral de la sociedad.
La cultura venezolana ha creado un ambiente de intolerancia, miedo y vergüenza para las personas LGBT.
Las expectativas rígidas tanto de la familia como de la sociedad acerca del significado de lo masculino y femenino contribuyen a la marginalización de muchos homosexuales y transgénero, especialmente los que exhiben comportamientos afeminados.
En Venezuela, el hombre homosexual es percibido como un traidor de su cultura, no es el macho vernáculo esperado, y es percibido como traidor de la religión porque sus actos sexuales no concuerdan con dogmas obsoletos y no contribuyen a la reproducción.
4. El papel de los psicolog@s en la salud de sus clientes LGBT
La sexualidad y su ejercicio libre y placentero forman parte del estado de bienestar físico, psicológico y social que define la salud. Si hay represión o castigo en relación a ella existe sufrimiento.
Es necesario ayudar a aquell@s que manifiestan dudas respecto su proceso de orientación sexual o su identidad, a quienes se sienten inclinad@s por personas de su propio sexo, pues en algunos casos esta situación puede representar un período de lucha y sufrimiento hasta conseguir la aceptación de la orientación definitiva.
Aclarando, que indudablemente este período de lucha se da porque la misma sociedad idealiza la condición heterosexual, denigrando y descalificando a la homosexual y bisexual, y aún más a las personas transgénero.
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Lo importante es poder ejercer la sexualidad sin temores, vergüenza, culpas, en otras palabras, sin factores psicológicos y sociales que interfieran con las relaciones sexuales.
Nuestro trabajo es ayudar a que ese sufrimiento legítimo favorezca el crecimiento personal, y no se convierta en diversas formas de padecimiento crónico. Que del sufrimiento surja la energía para enfrentarse al reto de ser diferente en una sociedad excluyente y discriminadora. Que surjan las energías para unirse a las asociaciones y colectivos que se organizan para luchar por sus derechos fundamentales.
El desarrollo de la preferencia sexual de un individuo a contracorriente de las circunstancias familiares y sociales que le rodean afecta su desarrollo en las áreas de la identidad, reproducción, vínculo y erotismo. De allí, que es aconsejable proporcionar procesos de psicoterapia que le permita desarrollar sus capacidades humanas y su preferencia sexual con menos culpas y cargas afectivas.
Esto sólo es posible si trabajamos nuestros prejuicios, nuestra historia personal, antes de endosar desprecio y culpa a quienes solo se atreven a aceptarse como diferentes a lo esperado.